Los Cenci
Artaud pensaba que en una época de inquietud, caos y transición como la nuestra, sólo un teatro que se dirige a los nervios más que a la inteligencia puede despertar en el hombre conciencia de las reales dimensiones de la vida. Se recuerda (o lo recordamos algunos) que Artaud era actor, poeta, profeta, loco y visionario a su manera. Según él, la palabra había tomado demasiada importancia en el teatro y el teatro europeo carecía de algo esencial. Ese algo esencial podría también lograrse, imaginaba Artaud, reemplazando el lenguaje por expresiones no verbales; físicas, diríamos. Gritos, gemidos, apariciones, sorpresas, magia, cambios bruscos de luces, notas raras de música o ruidos, colores de los objetos, máscaras, etcétera...
Victoria Ocampo