Evaristo Carriego
El tema del suburbio porteño, que a su manera abarca todo un mundo, ha dado lugar a la leyenda y al mito, y consiguientemente a una poesía, a un teatro y a una música que son como otros tantos planos por los que desfilan héroes y canallas, víctimas y victimarios, con su cortejo de pasión, ideales y pecados.
Todos sabemos lo bueno, lo malo y lo muy malo, que autores y artistas de rica inspiración o de ninguna, han hecho con el arrabal de Buenos Aires. Pero como a decir verdad, la mala literatura y las interpretaciones antojadizas tienden a prevalecer, el trabajo -hondamente meditado como todos los suyos- que Jorge Luis Borges ha consagrado a Evaristo Carriego tiene la importancia capital del juicio que rectifica visiones deformadas y fija la escala de valores necesarios para una apreciación veraz.
La figura de Carriego se presta a maravilla para esta labor de iluminación. Explica el sentido de muchas cosas que hoy han pasado a ser lugares comunes y distingue entre lo que puede y lo que no puede aceptarse de la marea arrabalera, alimentada sin cesar por el tango y el sainete.
Precisamente, a este libro Borges incorporó su "Historia del tango", que a través de un análisis penetrante nos descubre los hilos conductores de que se nutre nuestra música más popular.
Con su autoridad indiscutida y su estilo preciso y llano, va levantando así uno tras otro, los telones de distintos escenarios.