Borges: realidades y simulacros
Hace unos años, una conocida editorial encargó a Daniel Balderston la compilación de más de doscientos fragmentos breves de Borges para incorporarlos a un diccionario de citas. La original demanda desencadenó algo más que un trabajo minucioso: en el rastreo de su objeto, el crítico descubrió que en el final de los ensayos escritos entre 1940 y 1950, Borges tendía a una condensación epigramática; se trataba de saber por qué; y esa pregunta motivó una indagación cuyo resultado se puede leer hoy, en uno de los capítulos de este libro. Así, el azar y la pasión, la curiosidad y el afán polémico, la erudición inquieta y la intuición sagaz guían un viaje fascinante y arriesgado por una de las escrituras mayores de nuestro tiempo. Una línea de Otras inquisiciones conjetura que el hecho estético es la “inminencia de una revelación, que no se produce”. Este borde estremecedor es como el leit motiv de los ensayos de Balderston, en busca de aquella verdad “angular y astillada” cuya huella leyó Borges en Thomas de Quincey, y a la que consagró su literatura.
Crítico, ensayista, traductor y profesor universitario, Daniel Balderston ha enseñado literatura latinoamericana en distintas universidades de Estados Unidos (actualmente, en la de Iowa). Sus trabajos sobre el autor de Ficciones forman parte fundamental de la copiosa bibliografía borgeana. Los más recientes son ¿Fuera de contexto? Referencialidad histórica y expresión de la realidad en Borges (1996) y Borges, una enciclopedia, en colaboración con Gastón Gallo y Nicolás Helft (1999). Es también autor de El deseo, enorme cicatriz luminosa (1999), sobre homoerotismo y literatura en América latina.