El mortal inmortal
La idea de que la vida eterna en la Tierra puede ser la peor de las maldiciones, una posibilidad más horripilante que visiones de demonios y monstruos, es típica de Mary Shelley: es el hombre jugando a ser Dios, tratando de torcer la naturaleza, quien se fa brica su propio infierno en la Tierra. Así, el Njoven inmortal ve envejecer a su amada, viaja de un lado a otro en una perpetua huida para evitar que los lugareños, al advertir que por su rostro no pasan los años, lo acusen de brujo; está completamente solo, imposibilitado de hacer amigos. «Cuanto más vivo, más temo a la muerte», dice el desdichado protagonista.
Entre el terror y la ciencia ficción, este cuento de Mary Shelley-que quizás haya tomado su tema de «El hombre de la arena» de E. T. A. Hoffmann- influiría, entre otros, a Edgar Allan Poe, e inspiraría muchos relatos fantásticos que consideran la vida eterna en la Tierra una maldición; una maldición que resulta aún más terrible porque el hombre cree que vivir para siempre debería ser la mayor bendición posible.