No sé si casarme o comprarme un perro
En cuanto apareció esta novela, a mediados de los años 90, se volvió un boom. El título proponía a quemarropa una duda existencial y absolutamente femenina. La historia de la muchacha que pone un aviso en el diario buscando un hombre capaz de competir con todas las bondades de un perro labrador... ¡y ganarle! admitía ser decodificada como una provocación, un grito de alerta y, sobre todo, un enigma. Tratado de la angustia de género en formato prêt à porter. Pero No sé si casarme o comprarme un perro era todavía más que su propia promesa. Para empezar: aquello que aparece formulado como una duda es una afirmación. El foco está en el pensamiento de la mujer que fluye mientras afirma "no saber" y no contentarse con eso. A tantos años de aquella edición, cuando los discursos feministas se encuentran popularizados y multiplicados, este libro explota toda expectativa de calma. Entramado íntimo y filosófico compuesto por diferentes fondo con una cuestión que tutela la peripecia: "¿Qué hacer con la soledad?". Pero, atención, no con la soledad de la solterona ni de la despechada, sino aquella que impone el contacto con los otros. Paula Perez Alonso construye una narrativa del deshacerse sin perder de vista el mundo concreto y argentino donde se producen las vidas que cuenta. Una lógica personal en que la conjetura se vuelve la única compañera.
Liliana Viola