La ventana siniestra
En 1949, cuando ya había terminado El largo adiós, Raymond Chandler pudo escribir, en una carta que le había solicitado un desconocido, la biografía del personaje de todas sus novelas, el detective Philip Marlowe. En un principio Marlowe carecía de historia; tenía que ser un simple catalizador de la acción, limitarse a levantar el telón para que la comedia empezara. Pero a partir de LA VENTANA SINIESTRA empieza a adquirir carnadura, a expresar sus sentimientos, a perfilarse como un romántico, testarudo e ingenuo defensor de una utopía llamada justicia. Una valiosa moneda se ha perdido: a partir de ahí, es inevitable que aparezcan por lo menos un par de cadáveres, y que Marlowe, olvidados sus buenos sentimientos, se enfrente no a un vulgar ladronzuelo con aficiones numismáticas, sino a la corrupción, a la mentira, a la fatalidad de ese monstruo al que, asépticamente, Ilamamos sistema.