El francotirador
La principal objeción de Rudy Waltz a la vida es que resulta muy fácil cometer errores horribles. A los doce años, sin querer apuntarle a nadie, dispara un rifle desde la ventana de su casa y se convierte en un doble asesino. Ese error temprano y descomunal hace que todo lo que viene después —en su familia y en su pueblo de Ohio— le parezca trivial en comparación. Su padre, Otto Waltz, no se queda atrás en materia de equivocaciones: en Viena, en 1910, le compró un cuadro a un pintorzuelo insignificante llamado Adolf Hitler, salvándolo posiblemente de morir de hambre y allanándole el camino hacia la Historia. Con su humor negro inconfundible, Vonnegut construye una novela sobre la culpa, el azar y lo fácil que es, sin proponérselo, cambiar el curso de una vida —o del mundo entero.