De dobles y bastardos
Publicados a lo largo de veinte años, estos relatos responden a la inquietud de considerar lo escrito como un cuerpo vivo, susceptible de reescrituras, enmiendas, profanaciones. Gusmán cuenta historias, ilustra supersticiones en una lengua sin préstamos, inconfundible. Demuestra que el vigor narrativo puede convivir con la calidad formal.
El volumen se estructura a partir de cuatro ejes emblemáticos en la obra del autor: Del cielo y de la tierra, De dobles y bastardos, De cruces y antepasados y De amores perdidos.
Una vasta imaginería de la fatalidad convoca a los personajes. Los objetos han perdido su inocencia: un traje de novia puede encarnar el horror; el cabello de la Virgen, un oscuro exorcismo. Cada cuento admite ser leído como la escrupulosa descripción de un rito.
Oficia en estos relatos un telón de fondo asociado a la boca del Riachuelo, a los clubes de barrio, al descampado urbano. Un inventario de la tristeza, del despiadado ejercicio del recuerdo.
Religión apócrifa la de estos cuentos, prefiere la sangre al pan: el hombre debe hallar un dogma que justifique la existencia, sea éste el amor, la militancia política, la locura, el crimen, el suicidio. Así, los protagonistas responden a un culto ineluctable que los señala, por asalto y para siempre, como dobles o bastardos.
Sobre estos enmascaramientos se despliega una de las obras más originales y solitarias de la literatura argentina.