Teoría de la clase ociosa

Editorial: Hyspamerica
Año: 1985
Páginas: 372
ISBN: 8485471628
Género: Ensayo
Disponible
$15000
Leído. Buen estado.

Cuando hace ya tantos años, me fue dado leer este libro, crei que era una sátira. Supe después que era el primer trabajo de un ilustre sociólogo. Por lo demás, basta mirar de cerca una sociedad para saber que no es Utopía y que su descripción imparcial corre el albur de lindar con la sátira. En este libro, que data de 1899, Veblen descubre y define la clase ociosa, cuyo extraño deber es gastar dinero ostensiblemente. Así, se vive en cierto barrio, porque es fama que ese barrio es más caro. Liebermann o Picasso fijaban sumas elevadas, no por ser codiciosos, sino para no defraudar a los compradores cuyo propósito era mostrar que podian costearse una tela que llevara su firma. Según Veblen, el auge del golf se debe a la circunstancia de que exige mucho terreno. Erróneamente afirma que el estudio del latin y del griego tiene su raíz en el hecho de que ambas lenguas son inútiles. Si un ejecutivo no tiene tiempo para el gasto ostensible, su mujer o sus hijos lo hacen por él, de suerte que los cambios periódicos de la moda proporcionan libreas.

Veblen pensó y compuso este libro en los Estados Unidos. Entre nosotros, el fenómeno de la clase ociosa es más grave. Salvo los pobres de solemnidad, todo argentino finge pertenecer a esa clase. De chico, he conocido familias que durante los meses calurosos vivían escondidas en su casa, para que la gente creyera que veraneaban en una hipotética estancia o en la ciudad de Montevideo. Una señora me confió su intención de adornar el «hall» con un cuadro firmado, ciertamente no por virtud de la caligrafía.

Hijo de emigrantes noruegos, Thorstein Veblen nació en Wisconsin en 1857 y murió en California en 1929. (América le debe mucho a los escandinavos; recordemos al mejor continuador de Whitman, Carl Sandburg.) Su obra es muy vasta. Predicó austeramente la doctrina socialista. En sus últimos libros auguró un aciago fin de la historia.

Jorge Luis Borges