De Dioses, hombrecitos y policías
Escrito en Buenos Aires, premiado por Casa de las Américas, publicado (con éxito) hasta ahora en Mé-xico, Cuba, Bulgaria, Alemania, Israel, Unión Soviética y Estados Unidos, vastamente elogiado por la crítica, y prohibido en la Argentina durante va-rios años, este extraño libro de Costantini tuvo al parecer humilde origen. "En realidad nunca creíque sería publicado" -dice su autor-. "Lo empecé a escribir en plena represión, en pleno terror. Lo seguí escribiendo porque sí, por vicio digamos, para hacer algo en una época en que escribir parecía un disparate. Lo cierto fue que, sin quererlo, el primer beneficiado con el libro fui yo; la realidad de la novela me arrancaba de la espantosa realidad de todos los días. No exagero si digo que me ayudó a vivir".
Meterse en el mundo de De Dioses, hombrecitos y policías conocer de cerca a sus increíbles personajes, volar sin mayores dificultades desde el Olimpo, empenachado de nubes, hasta una casita de la calle Teodoro Vilardebó, en Villa del Parque, o hasta una oficina de la Superintendencia de Seguridad en donde se reúne un siniestro grupo de parapoliciales encabezado por "El Chivo", permite comprender a fondo las palabras de Costantini. La novela atrapa como podría hacerlo una novela policial. La realidad de De Dioses, hombrecitos y policías se torna más vívida y más creíble que la misma realidad. Es probable que el lector también se sienta "arrancado" de su realidad para sumergirse plenamente en el mundo de José María Pulicicchio, de Romualdo Chávez o de la señora Zimmerman, en cuyos destinos, manejados por Afrodita, Atenea o el implacable Edes, podrá ver una parábola de su propio destino.