Viajes con Charley
A veces llega el día en que un escritor tiene la necesidad de viajar, coger el petate, un cuaderno y salir a ver mundo, a conocer gente. Eso es lo que le ocurrió a John Steinbeck en 1960. A sus 58 años y después de escribir algunas de las mejores obras de la literatura americana del siglo XX, Steinbeck atravesaba una pequeña crisis literaria, ya no tenía esa facilidad para encontrar temas interesantes, sentía que se había separado de la gente y de su país.
Así que cogió a su perro Charley, un caniche francés, se compró una camioneta de la General Motors que adaptó para poder dormir en ella y que bautizó como Rocinante y se embarcó en un viaje de redescubrimiento de los Estados Unidos, desde Nueva York hacia el norte a Maine, bajando por el Pacífico hasta su natal Salinas Valley en Californa y pasando por Arizona, Texas, Nueva Orleans y vuelta a Nueva York, 10.000 kilómetros, casi nada…
Steinbeck redescubre su país, pero también redescubre a sus paisanos. Así aprovecha sus numerosas paradas para entablar conversaciones con gente de todo tipo, camareros, granjeros, camioneros, campesinos, cazadores… Hablando con ellos se dio cuenta de que los estadounidenses son a menudo ajenos a su entorno inmediato y su propia cultura.